LAGUNA DE LAS ORTICES

El color del agua de la Laguna de Ortices gen­era una mág­ica sen­sación visual, en la mañana tiene un color verde con visos ator­na­so­la­dos, en la medida que el sol asciende toma un color rojizo, para final­mente trans­for­marse en amar­illo al atardecer.

Un tabaco que no cuesta más de $1000 que le per­mi­tirá, según los mitos y cos­tum­bres de los habi­tantes del cor­regimiento de la Laguna de Ortices, bañarse y pasar un rato de diver­sión y esparcimiento en este mar­avil­loso lugar, donde las leyen­das no serán más que his­to­rias de los antepasados.

Única y de verdad

Aunque son muchos los mitos y las his­to­rias de miedo que se dicen de allí, como la leyenda de doña Juana y su Laguna, el sac­er­dote que pena, el mis­te­rio de los jun­cos, la llorona y las almas, entre otras, lo cierto y real es que es un her­moso lugar escon­dido entre las mon­tañas santandereanas.

La Laguna de Ortices es con­sid­er­ada una de las tres lagu­nas nat­u­rales ubi­cadas en clima cálido en Lati­noamérica, donde la belleza de sus paisajes, la calidez y la ama­bil­i­dad de la gente que habita en el cor­regimiento que tiene el mismo nom­bre, hacen que sea un des­tino único e inolvidable.

La Laguna está ubi­cada a 10 min­u­tos del caserío y hace parte del munici­pio de San Andrés, al ori­ente del depar­ta­mento, en la provin­cia de Gar­cía Rovira.

Aunque antigua­mente pertenecía al munici­pio de Cepitá, por la Ley adi­cional de la división ter­ri­to­r­ial de San­tander, con fecha del 5 de octubre de 1858, se anexó el ter­ri­to­rio de la Laguna de Ortices a San Andrés, como lo señala el Artículo primero.

La leyenda de su creación

Dicen los habi­tantes del cor­regimiento que sus antepasa­dos con­ta­ban que la Laguna fue creada por una señora de nom­bre Juana de Ortices, quien se enam­oró de la tierra donde hoy está ubi­cada esta mar­avilla santandereana.

Doña Juana, al pare­cer, recibió una heren­cia que con­staba de unas naran­jas de oro, tabaco y aguar­di­ente. Sin embargo, el dueño del ter­reno no quería vender por ningún motivo, por lo que la señora tuvo que embria­garlo y tras darle una naranja de oro se quedó con las tierras.

Cuen­tan que la mujer cavó un hueco para llenarlo de agua y darle de beber a los ani­males, que con el tiempo se con­vir­tió en la Laguna que es en la actualidad.

Al prin­ci­pio, ase­gu­ran los habi­tantes, la laguna era tan brava que sus aguas tur­bu­len­tas impedían el paso por el lugar, hasta un día en el que un sac­er­dote que via­jaba desde San Andrés para ofi­ciar una misa en el caserío, se vio oblig­ado a lan­zar a las aguas el cáliz y las hos­tias, que no solo le per­mi­tieron el paso, sino que además la cal­maron de man­era definitiva.

El lugar ideal

Desde entonces la Laguna de Ortices se ha con­ver­tido en el lugar ideal para ir de paseo con la familia, donde los asa­dos y el san­co­cho de gal­lina son infalta­bles y hacen que mitos y leyen­das que­den en la his­to­ria, aunque los taba­cos siguen siendo el agüero de muchos.

“La Laguna de Ortices es única en Colom­bia, es una meseta con un clima agrad­able, rodeada de bel­los paisajes donde se puede dis­fru­tar no solo del paseo en familia, sino tam­bién del tur­ismo ecológico”, comenta Ger­mán David Archila B., médico vet­eri­nario res­i­dente en la provin­cia de Gar­cía Rovira.

Aunque ha escuchado las his­to­rias que se tejen alrede­dor de la laguna, ase­gura que no dejan de ser mitos y leyen­das, pero que lo que no se puede descono­cer es la mar­avilla de lugar que enam­ora a pro­pios y extraños amantes de los paisajes naturales.

“En este lugar se puede hacer eco­tur­ismo, cam­i­natas por senderos ecológi­cos como La Bana, Embudo, Perico, Basto y San Miguel, guiadas por estu­di­antes del Insti­tuto Téc­nico Laguna de Ortices”, explica.

Sin embargo, tam­bién se puede acam­par, pescar, jugar bil­lar, minitejo, bolo criollo, bañarse, dar un paseo en bote y cono­cer el pro­ceso de la fab­ri­cación de la pan­ela, desde que es cul­ti­vada la caña de azú­car por los campesinos, su trans­porte en bur­ros o cabal­los hasta lle­gar a los trapiches donde se muele de man­era arte­sanal y sale el pro­ducto final.

“El cor­regimiento es un caserío pequeño que cuenta con una calle prin­ci­pal, tiene cole­gio y una capilla. Allí se con­sigue comida, hospedaje y, lo más impor­tante, se puede hacer el asado o san­co­cho a la orilla de la Laguna”, agrega el médico veterinario.

¿Cómo lle­gar?

De Bucara­manga se sale por la vía a Piede­cuesta, a la altura del sitio cono­cido como Los Curos, donde se aparta por la car­retera que con­duce a Málaga encon­trán­dose por el camino con los munici­p­ios de Guaca y San Andrés, a cua­tro horas de la cap­i­tal santandereana.

Allí con­tinúa el recor­rido que dura alrede­dor de dos horas hasta lle­gar al cor­regimiento, desde donde se gas­tan 10 min­u­tos a pie hasta la Laguna.

Otra vía de ingreso es desde Málaga, que pasa por Mola­gavita, en un recor­rido que dura en prome­dio tres horas.

Más mitos y leyendas

1 Se cuenta que debajo del agua existe un pueblo con­stru­ido com­ple­ta­mente en oro y solo los días Jueves Santo y 31 de diciem­bre emerge a media noche deján­dolo al des­cu­bierto. Tam­bién se dice que en las pro­fun­di­dades hay un naranjo de oro cuidado por siete enanos y una gran serpiente.

2 Se comenta que doña Juana vive en el fondo de la Laguna y sale los días de mer­cado a pueb­los como Mola­gavita y San Andrés.

3 Dicen que después de que murió el padre que calmó las aguas, su alma pena y en las noches lo han visto desan­dar por las oril­las de la laguna.

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