CEN­TRO CUL­TURAL DEL ORIENTE

HIS­TO­RIA DEL EDIFICIO

En 1.894 se hizo la primera solic­i­tud de fun­dar un cole­gio de la Com­pañía de Jesús en Bucara­manga. Aure­lio Gar­cía Mutis, Min­istro de Rela­ciones Exte­ri­ores, con­tactó al Padre Isidro Zameza, Supe­rior Del­e­gado del Padre Provin­cial, solic­i­tud que en ese momento no se pudo aten­der pues la comu­nidad no con­taba con per­sonal suficiente.

• El 30 de Octubre de 1.896 se firmó en Bogotá un con­trato entre el Padre Luis Gamero, entonces Supe­rior de la “Mis­ión de la Com­pañía en Colom­bia” y el Doc­tor Ale­jan­dro Peña Solano, Senador por San­tander, para abrir un cole­gio de la Com­pañía en Bucara­manga. El 10 de noviem­bre del mismo año el Doc­tor Roso Cala, Gob­er­nador de San­tander, rat­i­ficó con su firma el contrato.

• En 1.903 la Gob­er­nación de San­tander com­pró un lote aban­don­ado en el Par­que de Santa Rosa –hoy del Cen­te­nario– y lo des­tinó para la con­struc­ción del nuevo Cole­gio de San Pedro Claver. • Según la his­to­ria ofi­cial la Com­pañía de Jesús encargó al Padre San­ti­ago Páramo el dis­eño y super­visión de la obra de con­struc­ción del cole­gio. El Padre Páramo, aunque no era arqui­tecto, goz­aba de gran rep­utación como pin­tor y dibu­jante y había adquirido expe­ri­en­cia en Centroamérica.

• La obra avanzó lenta­mente. Entre 1.908 y 1.910 se con­struyó el Par­que Cen­te­nario. El Cole­gio se inau­guró en 1.911 sin con­cluir las obras.

• Según informe pre­sen­tado ante la Asam­blea Depar­ta­men­tal por el entonces gob­er­nador Manuel María Val­divieso, para 1.912 se habían real­izado los sigu­ientes tra­ba­jos: la capilla con altar mayor, púl­pito y dos con­fe­sion­ar­ios; un tramo frontal sobre el mismo par­que, el tramo norte del patio prin­ci­pal, el tramo ori­en­tal, para­lelo al frontal, que aún estaba en plena con­struc­ción. El tramo de la cocina, con direc­ción occidente-​oriente; sobre el tramo ori­en­tal, dos tramos a ramales lat­erales y ady­a­centes al inte­rior, todos en dos pisos y final­mente una cis­terna con una bomba, con capaci­dad para sur­tir 4.000 litros diar­ios de agua potable.

• Para 1.913 se eje­cu­taron las sigu­ientes obras bajo la direc­ción del Her­mano Mario Aris­tizábal, a quien se le encargó la admin­is­tración de la obra medi­ante decreto 140 del 6 de abril de 1.911: Entrete­jado de algunos sec­tores, la nivelación de todo el suelo que ocupa el edi­fi­cio, medi­ante cava de medio metro de espe­sor. Pro­lon­gación por las bases de 20 colum­nas del patio prin­ci­pal, enladrillado de las piezas y corre­dores del piso infe­rior, entablado en el piso supe­rior, pañetes y cie­los de todas las piezas en los cinco tramos, la escalera doble, embaran­dada, para el ser­vi­cio de los alum­nos y tam­bién la del tramo pos­te­rior; baran­das en macana en los claus­tros altos, la com­posi­ción del techo de la capilla prin­ci­pal que por debil­i­dad de las alfadas ame­naz­aba hundirse y la con­struc­ción de una nueva planta para la sac­ristía de esta capilla y los empa­pela­dos de la capilla de los alum­nos y de la sala rec­toral. La con­struc­ción de la cis­terna e insta­lación del agua por medio de bom­bas, tuberías, 4 depósi­tos for­ra­dos en hierro gal­va­nizado de 11.000 litros de capaci­dad para baños, cocina, come­dores, fre­gaderos, caballerías y excu­sa­dos. La insta­lación de tuberías de cobre, caños para el desagüe, excu­sa­dos, inodoros, alcan­tar­il­lado, tapias, por­tones, puer­tas y ventanas.

• A la fecha (1.913), se habían inver­tido en la obra aprox­i­mada­mente $ 60.000 y aún faltaba por ter­mi­nar: el encanal­ado del resto de los teja­dos, la escalera prin­ci­pal, 254 met­ros lin­eales de corre­dores con sus respec­ti­vas colum­nas (84), 90 met­ros cuadra­dos de tejado, 800 met­ros cuadra­dos de cielo raso, la por­tada prin­ci­pal y el embal­dosamiento y lustrado del frente del edi­fi­cio. De acuerdo con cál­cu­los de la época las obras fal­tantes costarían $ 10.000. • En la página 39 de un texto de Luis Javier Muñoz se afirma que “ el con­trato entre la Com­pañía y el gob­ierno debía ter­mi­nar en 1.915, pero después de un cuida­doso estu­dio se firmó un nuevo con­ve­nio medi­ante el cual el gob­ierno se com­pro­metía a darle una sub­ven­ción de $ 6.000 anuales para mobil­iario y mate­r­ial de enseñanza; a ceder el uso del local y a con­tin­uar acti­va­mente los tra­ba­jos de con­struc­ción y a sum­in­is­trar el alum­brado eléctrico”.

ANTECEDENTES

A pesar del ais­lamiento cul­tural pro­ducido por las innu­mer­ables guer­ras civiles, la influ­en­cia del neo­clásico europeo en Bucara­manga se tradujo en nue­stro medio como arqui­tec­tura repub­li­cana. Sin embargo, este estilo arqui­tec­tónico sólo se dio en cier­tos edi­fi­cios públi­cos y en vivien­das de la clase social más aco­modada y fueron los mae­stros de obra quienes se encar­garon de sat­is­facer las necesi­dades de vivienda de la masa social restante.

La expan­sión de la ciu­dad trajo como con­se­cuen­cia la con­struc­ción de edi­fi­ca­ciones que con­ju­garon las téc­ni­cas traí­das por los españoles (uti­lización de ladrillo y del teje, elab­o­ración de mam­postería en piedra, uso del hierro y el con­creto). Entre las car­ac­terís­ti­cas dec­o­ra­ti­vas de este neo­cla­si­cismo, que en muchos casos prevalecieron sobre las arqui­tec­tóni­cas, se pueden destacar: la uti­lización de una amplia var­iedad de molduras y orna­men­tos tal­la­dos, tanto en madera como en piedra, la real­ización de mold­ea­dos (en cie­los rasos y fachadas relu­ci­das) y de for­ja­dos (en ver­jas, baran­das, mar­quesinas, gár­go­las y canales). Entre los edi­fi­cios más desta­ca­dos se encon­tra­ban: El Club del Com­er­cio, la Cat­e­dral de la Sagrada Familia , el Cole­gio San Pedro Claver y el Teatro Col­iseo Per­alta, entre otros.

LA RESTAU­RACIÓN

centroCultural6Una vez entre­gado el antiguo edi­fi­cio a la nueva Cor­po­ración Cen­tro Cul­tural del Ori­ente Colom­biano, desde el 2.001 se dieron los primeros pasos para rescatar y ade­cuar el inmue­ble con el propósito de con­ver­tirlo en polo de desar­rollo cul­tural de la región. De acuerdo con el con­cepto del arqui­tecto GER­MÁN TÉLLEZ CAS­TAÑEDA, Direc­tor del Insti­tuto “Car­los Arbeláez Cama­cho” para el Pat­ri­mo­nio Arqui­tec­tónico y Urbano, organ­ismo adscrito a la Fac­ul­tad de Arqui­tec­tura y Dis­eño de la Uni­ver­si­dad Jave­ri­ana , quien asesoró la primera fase de restau­ración “…En esta tarea fue nece­sario pre­scindir de la idea, inaplic­a­ble en este caso, de uti­lizar mate­ri­ales mod­er­nos extraños a la estruc­tura orig­i­nal del edi­fi­cio para hac­erlo pre­sun­tu­osa­mente “sismoresistente´.

Úni­ca­mente se uti­lizaron ele­men­tos metáli­cos en las armaduras de cubierta, para alig­erar el peso de estas sobre las muy frágiles partes altas de los muros en adobe, pero éstos con­ser­varon sus com­po­nentes en ese mate­r­ial y en ladrillo. Los pisos son nue­va­mente en ladrillo y madera, de man­u­fac­tura actual, pero de dis­eños tradicionales.

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