Sabana de Torres

MUNICI­PIO DE SABANA DE TORRES

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Sabana de Tor­res es un munici­pio de Colom­bia perteneciente al depar­ta­mento de Santander.

Ubi­cado al noroc­ci­dente de la cap­i­tal del depar­ta­mento (Bucara­manga), se llega por car­retera pavi­men­tada de aprox­i­mada­mente 110 km desde Bucara­manga tomando la vía a Bar­ran­caber­meja, y luego la desviación hacia la Costa Caribe en el cor­regimiento de La For­tuna, lla­mada La Tron­cal del Caribe.

El munici­pio es un impor­tante pro­duc­tor de petróleo y de are­nas aptas para proce­sar el vidrio (are­nas silíceas). Además, posee exten­sos cul­tivos de palma africana, con­vir­tién­dose en uno de los munici­p­ios con mayor exten­sión en cul­tivos de esta planta. Tomado de SABANA DE TOR­RES SU HIS­TO­RIA SUS GENTES, Edi­to­r­ial SAGI,BUCARAMANGA, AÑO DE 1997, Autor .Henry Man­tilla Calderòn .

La familia Tor­res fue descrita por Don Blas y por el paisa Rob­les como per­sonas muy labo­riosas y muy orga­ni­zadas. José María Tor­res, por ser el mayor, era quien asumía toda la respon­s­abil­i­dad de la posada, y su esposa, que por esa época no tenía hijos, era la encar­gada de la cocina. Allí, en esos ofi­cios, el menor de los Tor­res, Juan José, era su inmedi­ato colab­o­rador. El otro Tor­res, Jesús María, poco colaboro con la posada, pues se dedico a der­ribar mon­tañas y fue así como fundo una bonita y grande finca sobre las que­bradas La Vene­cia y San­tos Gutiér­rez. Luis Fran­cisco Val­divieso man­i­festó que hacía, 1920, un letrero grande insta­l­ado cerca a la vía fér­rea decía: “Propiedad de Jesús María Torres”.

Según la descrip­ción de Don Rafael Rojas Bus­tos, Juan José Tor­res era una per­sona de baja estatura (1.62 m aprox­i­mada­mente), de tez morena, cabel­los lacios y fac­ciones indí­ge­nas que siem­pre fum­aba tabaco y usaba un som­brero de jip­i­japa de alas muy cor­tas. Era tímido y de muy pocas pal­abras. La familia Tor­res desa­pare­ció de la región posi­ble­mente a comien­zos del siglo XX. Es posi­ble que cuando don Rafael Rojas Bus­tos Cono­ció a don Juan José, hacia el año de 1925, fue porque él estuvo durante una corta tem­po­rada en esta región. A medi­a­dos de enero de 1919, un voraz incen­dio destruyo unos cuarenta ran­chos, con techo de paja o palma y que esta­ban encer­ra­dos en madera o bahareque, en los cuales se agru­pa­ban cen­tenares de valientes tra­ba­jadores enfrenta­dos a las inclemen­cias del clima, a los molestos zan­cu­dos y en los cuales no tenían más que una posi­bil­i­dad de diver­sión: los ran­chos donde se vendía guarapo. Una vez que el incen­dio redujo a cenizas aque­lla ranchería, escasa­mente se podrían apre­ciar algu­nas vivien­das: Una, donde hoy es la propiedad de José Vicente Pérez, otra en bar­rone­gro (El cemente­rio); dos en el sitio de los toches; otra, donde fun­ciona actual­mente la alcaldía, el ran­cho donde fun­cionaba la fábrica de gaseosa de propiedad de los señores Clausen, el costado ori­en­tal, donde actual­mente es la alcaldía, pero sus­pendió su pro­duc­ción debido a que sus prin­ci­pales con­sum­i­dores se fueron expan­di­endo a lo largo de la impor­tante línea del ferrocarril.

Los pisos de arena del sitio de La Gómez, (nom­bre dado en honor al inge­niero Euge­nio Gómez Gómez, ger­ente del fer­ro­car­ril) sirvieron para que se estableciera los talleres en los cuales sobre­salió como mecánico don Arturo Ruiz. Por esos días, María Cano, la luchadora social­ista del momento a quien llam­a­ban La Flor del Tra­bajo, real­iz­aba su sexta gira por el ter­ri­to­rio nacional y en ella incluyo vis­i­tas a Bucara­manga, La Gómez y Puerto Wilches. A par­tir de 1924, sobre la hoya del Río Lebrija, en un punto lla­mado Llaneros La Tigra, se ini­cia­ron los tra­ba­jos para la explo­ración en búsqueda de petróleo. La empresa Colom­bian Sindi­cate fue la que tomo la ini­cia­tiva. Una de las entradas prin­ci­pales para lle­gar al sitio de la explo­ración era por Regaderos (cor­regimiento de Provin­cia), por un camino amplio que lle­gaba hasta Campo 7. Es muy cierto que a este sitio de La Tigra venían gentes de todas las partes bus­cando una opor­tu­nidad de tra­bajo. A veces lo con­seguían, pero muchos encon­traron la muerte, unas veces a causa de palud­ismo, otras por las pica­duras de ani­males o el zarpazo de los tigres. Los norteam­er­i­canos, quienes eran los téc­ni­cos y dirigían las obras, por tener los conocimien­tos nece­sar­ios, al final de los tra­ba­jos aban­donaron la región y le obse­quiaron sus perte­nen­cias al fer­ro­car­ril. Cuando la Admin­is­tración dio la orden a los tra­ba­jadores para que fueran a recoger la “heren­cia” se lle­varon una buena sor­presa, pues, como por encanto, había desa­pare­cido la may­oría de los obje­tos, entre ellos tablas de madera fina­mente aser­radas, lam­i­nas de zinc, mal­las, uten­sil­ios de útiles domés­ti­cos, un motor eléc­trico de más de cien arrobas de peso y como si fuera poco léase bien, el piso de cemento de más de cin­cuenta met­ros cuadra­dos que tenían las con­struc­ciones. Bus­cando petróleo tam­bién hicieron explo­raciones las empre­sas Leonard Co. Y lobitos Oil­fiels Ltda., en las cuales desta­ca­ban las fig­uras de Mr. Blondy quien pre­cisa­mente se instaló sobre las propiedades que habían sido de los her­manos Tor­res y ya había pasado a ser propiedad de Don Alfonso Silva Silva, quien tenía como admin­istrador a Vital­ino Martínez. Este punto lla­mado «La Palestina», contó con aerop­uerto pro­pio (un poco más al occi­dente que el actual); un pequeño fer­ro­car­ril con vagones dimin­u­tos y sobre rieles muy angos­tos se desliz­aba por Sabana de Tor­res hasta lle­gar El Almen­dro, a unos doce Kilómet­ros del actual casco urbano del municipio.

Mien­tras tanto los esca­sos habi­tantes que tra­ba­ja­ban aser­rando y labrando madera le dieron los primeros impul­sos a la agri­cul­tura: Par­me­nio Man­tilla Buitrago sem­bró su primera cosecha de arroz más allá de “La Loma de los Per­ros”, sobre la que­brada La Tabla de Mina como los resul­ta­dos fueron buenos, sigu­ieron su ejem­plo Pacho Sam­brano, San­tos Amoro­cho, Luis Fran­cisco Val­divieso, Felisa Bus­tos de Rojas, Hipól­ito Jaimes y otros más. Aux­il­i­a­dos por los primeros agricul­tores, fueron lle­gando colonos que con sus tra­ba­jos hicieron pequeñas mejo­ras en las tier­ras que luego se con­virtieron en pros­peras hacien­das. Pasaron muchos años sin que se conociera nom­bramiento de autori­dad civil; las escasas con­tra­ven­ciones a la ley eran aten­di­das por la policía de Puerto Wilches com­puesta por un coman­dante, dos agentes de primera y treinta de segunda quienes devenga­ban salarios un poco supe­ri­ores a los agentes de otras regiones, en con­sid­era­ciones del clima y de las diver­sas difi­cul­tades que con­ll­ev­aba vivir en la zona. Para colab­o­rar con la policía, Par­me­nio Man­tilla Buitrago insti­tu­cional­izo la autori­dad civil en tal condi­ción era acatado y respetado e impartía jus­ti­cia con equidad y hon­radez. Sobre­salió su admin­is­tración ad-​honorem por su gran espíritu cívico y el sen­tido de colab­o­ración que logro comu­nicar a sus con­ci­u­dadanos. Aun con nos­tal­gia recor­damos la orga­ni­zación para la fiesta de la Vir­gen del Car­men, cada 16 de julio, para cual invitaba al sac­er­dote Val­divieso. Don Par­me­nio colaboró además, en la con­struc­ción de la capilla católica y de la escuela pública.

Cerca de una pese­br­era de su propiedad acondi­ciono un cuarto encer­rado en madera (actual­mente la alcaldía) que servía de comando de policía cuando los inte­grantes de este cuerpo armado per­manecían en el pueblo. Par­me­nio Man­tilla Buitrago había nacido en el vecino munici­pio de Rione­gro el 8 de mayo de 1893 y, después de tra­ba­jar por cerca de veinte años como may­or­domo de una hacienda de unos señores Mutis, comenzó a via­jar como arriero hasta Puerto San­tos, de donde paso a Sabana de Tor­res en diciem­bre de 1928. Antes se había casado con Angélica Car­reño en el cor­regimiento de Galá­pa­gos munici­pio de Rione­gro. Instaló defin­i­ti­va­mente su vida en un ran­cho pajizo en el sitio de “Los Toches”, actual­mente el bar­rio Gaitán. Ini­cio su activi­dad de com­er­ciante como socio en una tienda de San­tos Amoro­cho; además de expen­der carne, apro­vi­sion­aba de polines el fer­ro­car­ril. En muchas oca­siones se le vio tomar en sus manos un costal de fique para ir hasta el tren y regre­sar con más de medio costal de bil­letes de difer­entes denom­i­na­ciones; ya en su nego­cio comen­z­aba a can­ce­larle a los arrieros y obreros hasta que el vol­u­men del costal se reducía tan solo a una cuarta parte de lo ini­cial­mente recau­dado. A falta de médico ejer­cía tam­bién esta noble pro­fe­sión, pues la gente decía que era muy acer­tado en la for­mu­lación y apli­cación de inyec­ciones al igual que las aguas aromáti­cas que las com­bin­aba con rezos y masajes espe­cial­mente a los mor­di­dos por las ser­pi­entes que por esa época abund­a­ban en esta región.

No es exager­ado afir­mar que a falta del pár­roco admin­istro los primeros o los últi­mos sacra­men­tos con fe y pro­fundo respeto cris­tianos. Par­me­nio Man­tilla Buitrago fue con­se­jero de pobres y ricos, con­cil­i­aba los hog­a­res, sus­pendía riñas, cor­regía a los jóvenes y ofrecía seguri­dad social; se le veía exponer su vida por los demás, como en aque­lla ocasión en que perdió la visión en uno de sus ojos mien­tras medi­aba en un liti­gio. Trasladado a Bogotá, recibió tratamiento médico, pero desde entonces quedo debil­i­tado física y económi­ca­mente. Fiel a su tradi­ción, siguió colab­o­rando con desin­terés en todos los certámenes cívi­cos y sociales aun en tiempo de la mar­cada vio­len­cia. Aunque con ideas neta­mente lib­erales, ayudo a sal­var la vida y bienes de sus con­trar­ios. El gob­ierno depar­ta­men­tal le recono­ció en parte sus invalu­ables ser­vi­cios, dán­dole carác­ter ofi­cial a su tra­bajo a par­tir de mayo de 1949 hasta diciem­bre de 1951. Antes del nom­bramiento ofi­cial fig­u­raron como primera autori­dad don Héc­tor Col­la­zos y don Ángel María Cor­rea. Este último fue nom­brado inspec­tor de policía del cor­regimiento de la Gómez, pero al no poder residir allí por con­tro­ver­sias con los pobladores estable­ció su despa­cho en Sabana de Tor­res. Fue el señor Cor­rea quien abrió los primeros libros de reg­istro de nacimien­tos del futuro municipio.

ECONOMÍA

La Economía de Sabana de Tor­res depende de var­ios sec­tores pro­duc­tivos agropecuario, minero, y maderero; algunos de ellos se encuen­tran bien orga­ni­za­dos en aso­cia­ciones con estatu­tos y líneas de pro­duc­ción o com­er­cial­ización muy claras, tal es el caso de los cul­ti­vadores de palma, y en buena parte los pescadores.

Otros sec­tores se mane­jan de forma arte­sanal es decir, que las activi­dades se real­izan oca­sion­al­mente por cualquier per­sona como sub­sis­ten­cia mien­tras con­siguen un tra­bajo estable por ejem­plo, los extrac­tores de grav­illa, can­teras, are­nas silíceas y oro. Así mismo, las acciones rela­cionadas con la extrac­ción ile­gal de madera se desar­rol­lan de man­era con­tinua y son efec­tu­a­dos por per­sonas que cuen­tan con los medios económi­cos para su aprovechamiento y transporte.

Por otra parte el sec­tor ganadero es mane­jado libre­mente por los propi­etar­ios de fin­cas, algu­nas de las cuales tiene muy buenos for­ra­jes con alta producción.

El sec­tor agropecuario se encuen­tra com­puesto por dos activi­dades: cul­tivo de palma y ganadería extensiva.

En el caso de los palmicul­tores se han iden­ti­fi­cado dos pro­ce­sos en los cuales el medio ambi­ente se ve afec­tado. El primero de ellos tiene que ver con la can­ti­dad del ter­ri­to­rio des­ti­nado para esta activi­dad. Debido a la rentabil­i­dad económica, en Sabana de Tor­res se está sem­brando palma en cualquier parte sin tener en cuenta las condi­ciones agroecológ­i­cas del suelo y el segundo es el cul­tivo de pequeños pro­duc­tores donde siem­bran 10 Has per­mi­tiendo otras activi­dades agrí­co­las en las fincas.

Car­ac­terís­ti­cas de la Economía de Sabana de Torres

  • Primer pro­duc­tor de leche en San­tander alrede­dor de 70.000 litros diarios.
  • Segundo pro­duc­tor en carne con 147.800 cabezas de ganado.
  • Una pro­duc­ción de 350.000 aprox de pol­los de engorde.
  • Pro­duc­ción de en menor escala de la explotación piscícola
  • tam­bién es de alta con­sid­eración la explotación petrol­era y gasifera con­vir­tiendo esta acivi­dad como eje pric­i­pal de la economía en sabana de tor­res , recono­cida a nivel nacional.

UBI­CACIÓN

NORTE: Par­tiendo de la desem­bo­cadura de la Que­brada Doradas sobre el río Lebrija, de este río aguas abajo hasta su con­flu­en­cia con el río Chocoa o San­tos Gutiér­rez, delim­i­tando con el Munici­pio de Rionegro.

OCCI­DENTE: Río Chocoa o San­tos Gutiér­rez, aguas arriba, hasta Puerto Escon­dido, de aquí en línea recta hasta Caño Perué­tano en el punto donde desem­boca en este Caño el Caño Negro, sigue el Caño Perué­tano hasta Cié­naga de Paturia o Pare­des y atraviesa la Cié­naga de la Que­brada La Gómez, sigue esta Que­brada y luego la Que­brada de La Cristalina hasta su nacimiento, de aquí en línea recta hasta el punto en donde desem­boca en el río Sog­amoso la Que­brada Payoa, delim­i­tando con el Munici­pio de Puerto Wilches.

SUR: Río Sog­amoso hasta donde desem­boca en este río el Río Sucio, delim­i­tando con los Munici­p­ios de Bar­ran­caber­meja y San Vicente de Chu­curí, sigue Río Sucio aguas arriba hasta donde desem­boca en este río la Que­brada Gomero, delim­i­tando en este último trayecto con el Munici­pio de Girón.

ORI­ENTE: La Que­brada Gomero aguas arriba hasta su nacimiento, de aquí en línea recta hasta el nacimiento de la que­brada Doradas; de esta que­brada aguas abajo hasta su desem­bo­cadura sobre el río Lebrija, punto de par­tida de esta demar­cación delim­i­tando con el costado ori­en­tal con los munici­p­ios de Girón y Lebrija.

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